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“¡¡Y no pasa nada!!”, sin dramas!

Parece que en este huequito que hemos reservado para hablar contigo, últimamente solo contamos anécdotas. Pero, qué es la vida si no. Esa concatenación de historias, momentos, situaciones que nos ayudan a tomar visión, a dar forma a algo. Y nos gusta. Nos gusta mucho poder acercarte pequeñas historias del día a día y, sobre todo, historias que hacen que nuestro trabajo cobre aún más sentido.

Ayer al salir del trabajo tuvimos que pasar por el supermercado. Hasta aquí todo normal. Algo de verdura, unas frutas, pedir turno en la carnicería, suavizante y que no se nos olviden los yogures que luego por la noche entra antojo... En el pasillo de los refrigerados vimos correteando a una pequeña tremendamente simpática. No tendría más de 3 años, pelo muy rizado y rubio y la boca llena de churretes de chocolate.

  • ¿Ayuro, papá?
  • La pizza para la cena, ¡corre!

Ella sonrió. ¡Obviamente! ¿Quién no quiere pizza para cenar? Se acercó a la zona donde se encontraban las pizzas refrigeradas y le cambió el gesto. Se puso sería, concienzuda. Miro a su padre y dijo “la flor, papá”. Él asintió y pude ver que se refería al logo de la Espiga Barrada, ese que se utiliza para hacer referencia a los productos que pueden ser consumidos por personas con enfermedad celiaca o aquellas que por cualquier motivo médico no pueden ingerir gluten. Este gesto nos hizo reflexionar, lo comentamos en el coche de camino a casa y es que nos maravilló la forma que ese padre había tenido de enseñar a su hija a distinguir un producto que sí podía consumir y que la pequeña había asumido con absoluta normalidad. Porque no podemos olvidar la importancia que tiene que enseñemos a los más pequeños a convivir con sus intolerancias o alergias y no cerrarles la puerta para asistir a cumples o fiestas de amigos. Y lo maravilloso de esta historia es que no terminaba aquí.

Tras coger la pizza y entregársela a su padre para que la pusiera en la cesta de la compra, la niña cogió a su padre de la mano y salieron del pasillo de los refrigerados. Nosotros seguimos con nuestra tarea decidiendo si yogures naturales, estilo griego o de fresa. La vida…

Ya en el lineal de caja volvimos a encontrarnos con la pequeña rubia. Ayudaba a su padre a dejar los productos sobre la cinta y le contaba al chico que trabajaba en la caja que esa noche iba a cenar pizza, que se había portado muy bien y que su hermano Guille iba a ponerse muy contento. Entre todos los productos que dejaban sobre la cinta vimos uno que conocíamos perfectamente: una lámina para horno. Ella la cogió, miró al cajero y gritó “¡¡y con esto hago mi pisssa y la de Guille y no pasa nada!!”

Y hoy teníamos que contarte esta historia. La de una pequeña de pelo rubio, su hermano Guille y su padre. De cómo una familia había normalizado una situación que para muchas otras familias se hace muy cuesta arriba y en la que Kit Nature tiene un huequito tan especial.

Familia, si algún día nos leéis… gracias de corazón.


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